

Historia
El gran relato de cacao
El Big Bang del
Chocolate
La historia del chocolate no comenzó en las cortes europeas, ni en las industrias modernas; comenzó en el suelo sagrado de Chiapas. Resguardamos con orgullo el hallazgo científico que cambió la cronología global: en la cueva de Santa Marta, en Ocozocoautla, investigaciones arqueológicas de la UNAM descubrieron polen de cacao ritual fechado 10,500 años antes de Cristo. Esta es la evidencia de uso y consumo de cacao más antigua de todo el planeta, una prueba irrefutable de que nuestros antepasados ya se vinculaban de forma mística y ceremonial con sus flores y frutos mucho antes de lo que la historia oficial asumía.


El Linaje Mokaya y la Palabra Sagrada
Mil años antes de que los Olmecas consolidaran su imperio, la cultura Mokaya ya habitaba la costa del Pacífico chiapaneco en Paso de la Amada. Investigaciones arqueológicas de la New World Archaeological Foundation (NWAF) de la Universidad Brigham Young demostraron, mediante análisis químicos, la presencia de residuos de teobromina en vasijas que datan del 1900 al 1500 a.C. Los Mokayas no solo dominaron el uso social del chocolate, sino que su lengua, el Mixe-zoqueano, nos legó un regalo eterno: el vocablo ancestral "Kakaw", la raíz primera que hoy el mundo entero utiliza para nombrar a esta sagrada semilla. Para escribir la palabra, los escribas mayas dibujaban la cabeza o la aleta de un pez (kay), repitiendo la sílaba para invocar el sonido eterno: Ka-kaw.
Justicia Histórica en Mezcalapa: Rescatando las Huertas Sumergidas
El chocolate fino de aroma de nuestra casa tiene memoria. En los mapas del Porfiriato de 1910, las vegas fértiles de los ríos Grijalva y La Venta en Mezcalapa ya estaban registradas como zonas de cultivo de un cacao criollo excepcional. Sin embargo, en la década de 1960, la construcción de la Presa de Malpaso sumergió bajo el agua valles enteros y huertas ancestrales, obligando a los campesinos a abandonar el cacao.
Rancho del Lago nace como un acto de resistencia y restauración. Al recuperar estas tierras, decidimos que sembrar cacao es volver a sembrar una selva. Rescatamos el ADN del cacao nativo sobreviviente y lo conjugamos con los ADNs más puros del Soconusco y Tabasco, creando una variedad única de la casa. Un perfil complejo, frutal, herbal y amaderado que honra a los agricultores del pasado y devuelve la vida al territorio de Mezcalapa.
